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De estética a ética al mirar el Medallón de Franco

Martes, 20 de diciembre de 2016

 

Siempre ha sido una relación difícil pero imprescindible la de la estética y la ética. Es muy complicado hacer una buena historia del arte sin razonar la ética que transmite. Al leer las obras de Valeriano Bozal, uno de los mejores historiadores del arte con que contamos en España, sobre Goya, Johannes Vermeer o Piero della Francesca, inmediatamente se nota que el autor salta de la descripción pormenorizada y detallista y entra en la esencia de la sociedad en la que el autor pintó, para hacernos entender su actualidad, su conexión con el presente y la universalidad de su obra. Valeriano Bozal conoce bien el arte del siglo XX, incluido el de Castilla y León. De hecho, a sus muchos premios hay que sumar el que nosotros mismos le dimos, el Premio Arcale 2002. Se trata de un premio que concede la Junta, nuestro Ayuntamiento y la Fundación Cristóbal Gabarrón.

Valeriano Bozal fue el presidente del Patronato del Museo Reina Sofía en los años noventa, precisamente cuando se decidió que el Guernica debía trasladarse del Casón del Buen Retiro, es decir, del Museo del Prado, al Museo Reina Sofía de Arte Contemporáneo. La decisión conjunta de los Patronatos de ambos museos fue su traslado. Por mucho que Picasso hubiera puesto la condición de que su cuadro colgase de los muros del Museo del Prado y que las fuerzas de izquierda y los sindicatos se opusieran el traslado se hizo aun a riesgo de deteriorar una obra cuyo estado era lamentable. El tiempo había pasado y la realidad museística había generado otro museo en el que poder leer la estética del cuadro en su ambiente propicio. Valeriano Bozal tomó la decisión adecuada, aun sabiendo que el Guernica iba a perder parte de su carga política (ética) a favor de la estética.

Tomar una decisión así no es fácil, pero Valeriano Bozal la tomó sin pestañear y hoy sabemos que fue correcta. ¿Por qué? Pues muy sencillo, porque sólo se pueden tomar decisiones estéticas sobre el patrimonio si se tiene en cuenta la ética. Valeriano Bozal pudo hacerlo porque a su condición de profesor de arte une su formación de filósofo. Por eso sabe leer tan bien las obras y su relación con la sociedad en la que surgieron.

La Comisión Territorial de Patrimonio ha decidido que sea el experto en nuestro patrimonio artístico de los siglos XVI y XVII Antonio Casaseca Casaseca, el que emita el informe sobre la pertinencia de retirar la obra del escultor Damián Villar (1917-2003), escultor que realizó el medallón de Franco. La Comisión al dar a Antonio Casaseca Casaseca el cometido de realizar un informe como experto ha tenido gran acierto y cubre el plano estético. Desde este punto de vista sólo caben dos posibilidades: la permanencia de la obra o la intervención artística en ella. Esta segunda es muy compleja y en realidad ya se ha hecho en el 2005 incorporando los medallones de Amadeo de Saboya, Alfonso XIII, la Primera República y la Segunda República. En especial los dos últimos son una compensación ética para salvar la permanencia estética de Franco. Pero no fue una compensación ética completa. De haberlo sido tendríamos en nuestra Plaza Mayor los retratos de Emilio Castelar y de Manuel Azaña. La Comisión Territorial de Patrimonio no ha cumplido su cometido al no ponderar el sabio criterio estético con el ético. Sabe a ciencia cierta que designar sólo a un experto de estética conduce a la salvaguardia de la obra de Damian Villar realizada para estar donde está. Los Comisionados han de recordar que sus decisiones han de estar en consonancia con el sentir de los ciudadanos, en especial con los de aquellos que van a sufrir sus decisiones, como bien decía J. Dewey, uno de los máximos expertos en ciencias políticas de los EE.UU.: «Making democracy means ensuring that those who bear the consequences of decisions have a fair share in making them.» (Hacer democracia significa asegurarse de que aquellos que sufrirán las consecuencias de las decisiones tienen una participación justa a la hora de tomarse). Por esta razón es una equivocación no nombrar a una persona experta en ética para que también les ilustre. La Comisión ha de servirse de la ética en esta situación, necesitan el consejo de una persona como Valeriano Bozal. De lo contrario, lo único que tendrán encima de la mesa será un informe sobre el daño estético causado a un edificio del siglo XVIII y a un escultor del siglo XX. Y ante ese argumento por el lado estético sólo cabe decir que el daño estético a la Plaza se causó en 1937 y que ahora hay que remediarlo. Como se puede observar un criterio muy endeble este último. Pero la Comisión debería entender que la defensa, que probablemente va a presentar Antonio Casaseca Casaseca, es tan débil como decir que el daño se hizo en 1937 y que ahora se debe reparar. Sencillamente está fuera de lugar, pero tan fuera de lugar como sólo pedir un informe por el lado estético.

Comisionados, hay que hacer el viaje de la estética a la ética o ¿acaso la humillación de los familiares de las víctimas que pasan y pasarán al lado del medallón de Franco puede tener la consideración de goce estético?

 

Santiago M. López

Fundador de la Asociación Salamanca Memoria y Justicia y autor junto a Severiano Delgado de la primera relación de víctimas de la represión franquista en Salamanca que se pude consultar en el V tomo de la Historia de Salamanca, editada por el Centro de Estudios Salmantinos.
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